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sábado, 8 de enero de 2011

EL POZO DE LOS SUEÑOS


Realmente no se como el autor tituló esta magnifica estructura hecha por libros. La descubrí por casualidad una mañana en Praga, miré a través de un cristal de la puerta y la vi... pareció que por un momento me llamaba, subí las escaleras y descubrí esa gran torre. Por un momento cerré mis ojos y pedí un deseo... que se cumplan mis sueños y por ello os dejo un relato de otro sueño...

SIN HUELLAS

“En algún lugar de la mancha”, donde las flores de manzanilla inundaban en primavera con su olor y colorido aquel patio de la casa de mis abuelos, ahora empezaba a cubrirse de blanco. Los copos, grandes como pañuelos iban cayendo mientras los jornaleros se arremolinaban inquietos en la puerta de la taberna del Tío Isidoro.

Los jornaleros mostraban su impaciencia porque el invierno no parecía terminar.

El abuelo, mientras avivaba el fuego de la chimenea, se quejaba de que ese año aun habiendo nieve y como dice el refrán popular, “año de nieve, año de bienes” el invierno era especialmente crudo y largo que impediría la continuidad de las labores del campo, antes de que lleguen las heladas del mes de Febrero.

Yo, permanecía ajena a su conversación, todavía era muy pequeña para preocuparme de la realidad del momento, muy al contrario, a mi me gustaba cuando pasaba aquellas tardes conmigo al calor de la chimenea. Sentada en un serillo forrado con piel de oveja, pasaba las horas observándolo, mientras forraba de esparto y enea las garrafas de cristal de distintos tamaños, de arroba, de media, y de cuartilla, para protegerlas de golpes fortuitos.

El abuelo, con su navaja “plateá” le saca punta a un lápiz que me había comprado unos días antes en la tienda de Patro, sabiendo mi afición a plasmar mis garabatos en cualquier lugar, incluidas las paredes recién encaladas.

Para evitar que haga de toda la casa un muestrario de mis creaciones pictóricas, la abuela guarda mis utensilios artísticos en la vieja alacena de la estancia pintada de color albero, una estancia que no tiene ventana, y siempre la puerta se halla entreabierta.

Un grito sordo de mi abuela, hace que levante mis ojos del papel.

Ambos se levantan apresurados y se dirigen hacia la puerta, en la que quedan quietos mirando lo que sucede fuera. Yo me hago un hueco entre ambos y observo como un hombre vestido de forma extraña, permanece estoico en el patio nevado, mirándonos fijamente como solicitando permiso para entrar.

El abuelo se adelanta unos pasos y con voz pausada exclama:

-Pero hombre de Dios ¿qué hace por la calle, con la que está cayendo?

-En verdad, no hace tarde de paseo, pero mis pasos me han hecho llegar hasta aquí, tal vez al divisar el humo que sale de su chimenea.-Contesta aquel hombre extraño.

-Pase hombre, pase y beba un trago de vino…es lo único que podemos ofrecerle.

-Bueno y unas rosquillas de anís, que andan todavía por aquí. Pase Ud y quítese esa capa, que está toda mojada.-Contesta también la abuela.

Aquel desconocido, pausadamente se quita la capa y la cuelga en un clavo qué había sobre la pared, a modo de perchero.

-No quiero molestarles, solo estoy aquí de paso y me encontré con su puerta abierta.

-Sí, estamos alejados de la calle, esta casa tiene el inconveniente que el patio está en el lugar visible de la casa, y las estancias en el lado posterior, así que para no tener la molestia de tener que abrir la puerta, la dejamos así siempre… abierta.

Mi abuela recalca aquellas últimas palabras, y recuerdo en ese momento lo que siempre decía ella…”puerta que se queda abierta, es cuando Dios entra”.

Noto la mirada del desconocido sobre mí, intento pasar desapercibida, bajo mi mirada y de nuevo me limito a seguir garabateando en mi cuaderno.

-¿Cuántos años tienes? La voz del desconocido me suena cercana.

-¡Ya tengo seis! Escucho unas risas al unísono y les miro desafiantes, no me gusta que se burlen de mi… ¡Yo, ya soy mayor!

-¿Te gusta escribir? Me pregunta, mirando mis desordenadas letras.

Asiento y para darle más credibilidad a mis gestos, firmo con mi nombre sobre aquel papel.

-¡Lucía!- Bonito nombre, y bajando la cabeza para mirarme cara a cara, exclama.

-¡Aprenderás a escribir!

Asiento orgullosa y con un suave suspiro pregunto.

-¿Y a Ud, también le gusta escribir?

-¡Sí! De hecho, estoy aquí de paso. Estoy escribiendo sobre un caballero que busca a su dama, aquí en esta llanura manchega.

-¿Y cómo se llama ese caballero? Pregunto con sumo interés.

-Todavía lo estoy pensando, pero creo que se llamará… “Alonso Quijano”.

Su nombre todavía resonaba en mis oídos, cuando aquel desconocido, se puso de nuevo su capa y dirigiéndose a mis abuelos, se despide de ellos.

-Parece que la nieve ha dejado de caer y yo tengo mucho camino que recorrer, creo que ya he conseguido más de lo que buscaba.

-Dulce Lucía, con este juego de palabras, podré ponerle un nombre a una bella dama, y escribe ese nombre en mi papel junto a mi firma…

“D U L C E L U C Í A” Dulcinea.

Se inclina ante mí y me hace una reverencia con su sombrero que me invita a reír y sale al patio.

-¡Qué extraño! Exclama mi abuela.

-¿Qué es extraño? Pregunta el abuelo.

El desconocido ya había desaparecido y mi abuela señala la nieve del patio.

-Mirar por donde se ha ido, no hay huellas, es como si hubiese salido volando…

El abuelo niega con la cabeza…-No hagas caso de las cosas que ves mujer, entorna la puerta, que hace frío.

-¿Y el salero, donde está el salero, que estaba sobre la mesa? Pregunta la abuela, mientras recoge de la mesa el plato de las rosquillas.

Un ligero crepitar de las llamas de la chimenea, nos llama la atención, la estancia se ilumina de un color ámbar…el abuelo mira de nuevo a la nieve, y allí no han quedado huellas.

Muchas veces pienso en aquel día ¿Es un recuerdo de la niñez?… ¿O tal vez lo soñé?

Hoy día aquella casa del abuelo, es la Biblioteca Municipal.

4 comentarios:

  1. Parece que tenemos una herencia común además de la cervantina, creo que vamos a seguir encontrando muchas cosas en común. Me reconozco en el ambiente que describes y creo que posees una gran imaginación. Voy a seguir leyéndote porque tú también me has enganchado. Un abrazo.

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  2. Me gusta mucho también la presentación que haces en tu perfil. Hasta pronto.

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  3. Me ha gustado muchísimo,y aunque el ambiente es totalmente distinto al de los recuerdos de mi niñez me encanta la ternura e imaginación que derrochas.. Ya tienes otra seguidora Graciassssss

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  4. Mil gracias a las dos, realmente cuando inicié el blog, pensé que no lo leería casi nadie, pero aparte de los comentarios tambien recibo correos privados... bueno, pedirme matrimonio aún no me lo han pedido... jejeje, pero estoy haciendo grandes amistades... entre las cuales ya os incluyo. Los pequeños detalles hacen grandes a las personas... graciassssssssssss.

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